
La historia del Señor de los Milagros se remonta al siglo XVII, en el barrio de Pachacamilla, Lima.
En 1651, un esclavo de origen angoleño pintó la imagen de Cristo crucificado sobre un muro de adobe.
Lo que parecía una simple pintura mural se convertiría en el centro de una de las devociones más grandes de América Latina.

El 13 de noviembre de 1655, un fuerte terremoto sacudió Lima y Callao.
El muro de adobe donde estaba pintado el Cristo permaneció intacto.
La creciente devoción causó inquietud en el gobierno colonial, que ordenó borrar la imagen, pero nadie pudo hacerlo.

La imagen resistió otros dos sismos de gran magnitud en 1687 y 1746.
Para los fieles, que la pintura sobreviviera a estos desastres reforzó la creencia en su carácter milagroso.
El 28 de octubre de 1746, el más violento terremoto seguido de un tsunami destruyó Lima. El muro se mantuvo en pie.

La Virgen de la Nube es una advocación mariana de origen quiteño del siglo XVII.
El 30 de diciembre de 1696, en Quito, los fieles vieron una imagen de la Virgen formada por las nubes.
Fue colocada detrás del Señor como homenaje a Sor Antonia Lucía del Espíritu Santo, religiosa ecuatoriana nacida en Guayaquil.

El anda del Señor de los Milagros es una estructura majestuosa de madera recubierta con plata cincelada.
Su peso base es de 1.200 kg (1.2 toneladas). Con cirios, flores y condecoraciones puede llegar a 1.8 toneladas.
Para moverla se necesitan 34 hermanos cargadores.

La imagen original es una pintura mural ubicada en el Altar Mayor del Santuario de las Nazarenas. Mide 5.3 metros de altura.
Al no poder trasladar el muro, se encargó una copia en óleo sobre lienzo para la procesión.
Diferencia clave: En el mural, el pie derecho de Cristo está adelantado y clavado. En la réplica procesional, es el pie izquierdo.

Las sahumadoras acompañan la procesión portando pebeteros de plata con incienso y mirra.
Visten hábito morado y mantilla blanca. Purifican el trayecto con el humo sagrado.
Las cantoras entonan himnos y cánticos durante la marcha.

Las alfombras florales son una ofrenda para el Señor de los Milagros.
Están elaboradas con flores, hojas, semillas y aserrín, formando figuras religiosas.
Tienen un carácter efímero: desaparecen cuando las andas pasan sobre ellas.

El color morado proviene de Antonia Maldonado, la devota ecuatoriana que fundó el Instituto Nazareno.
Adoptó el morado como símbolo de su fe en el Cristo de Pachacamilla.
El color morado se mantuvo como señal de penitencia y esperanza durante todo el mes de octubre.

El turrón de Doña Pepa es el dulce más relacionado con el mes morado.
Su origen se remonta a Josefa Marmanillo, una esclava afroperuana que creó este dulce como ofrenda al Señor.

En 2005, la festividad del Señor de los Milagros fue declarada Patrimonio Cultural de la Nación.
Esta distinción reconoce la fe, la riqueza de tradiciones, la música, la gastronomía, el arte y el sincretismo que identifican al Perú.